Hablemos de la hipoacusia


Para la atención al alumnado con posible diversidad funcional, siempre se ha de tener en cuenta el grado de la misma y si fuera necesario, elaborar un plan de actuación en coordinación con los familiares. La  calidad, equidad e inclusión educativa  de las personas con diversidad funcional, así como la  igualdad de oportunidades y no discriminación  por razón de discapacidad, se fomentará a través de medidas de flexibilización, alternativas metodológicas y adaptaciones curriculares. En líneas más generales, dado que en música cada alumno es diferente, ha de adaptarse la dificultad y la exigencia según el alumno.

En este caso concreto, voy a poner el ejemplo de una diversidad funcional que podría considerarse incompatible con estudiar música:  la hipoacusia.  Más conocida como sordera, es una disminución gradual en la capacidad auditiva de una persona. La hipoacusia tiene 4 grados de intensidad: leve (perciben entre 21 y 40 dB), moderada (perciben entre 41 y 70) , severa (perciben entre 71 y 90) y profunda (la pérdida auditiva es superior a 90 dB) , dependiendo de los decibelios que perciben. 

Los alumnos con hipoacusia leve sufren algunas dificultades de comprensión durante una conversación, especialmente si esta se desarrolla en un ambiente ruidoso y aquellos con hipoacusia moderada, pueden encontrar dificultades de comprensión durante una conversación cuando no se utiliza una prótesis auditiva.
En el caso de las personas con un grado severo de hipoacusia, necesitan prótesis auditivas y se apoyan en la lectura labial y la lengua de signos para comunicarse, al igual que las personas que sufren de hipoacusia profunda, que necesariamente llevan implante coclear.

Los docentes, no solo debemos enseñar las asignaturas que nos mandan, sino que debemos transmitir a los alumnos a sentir, pensar, experimentar de muchas formas distintas a las que estamos acostumbrados, tenemos que adaptarnos al alumnado. Si alguno de nuestros alumnos sufre este tipo de diversidad funcional, debemos conocer en qué grado, cómo puede afectar al resto de compañeros y saber enfrentarnos a ello, como a cualquier otra diversidad funcional que pueda sufrir nuestro alumnado. Para ello, hay que tener ciertas  estrategias docentes  para organizar una clase inclusiva. En este caso, si el docente puede ayudarse de la lengua de signos, será más fácil que trabaje con alumnos con hipoacusia y debería utilizarla y comprenderla.




En el caso de la música, el  método Kodály  se emplea mucho como herramienta para enseñar solfeo, aunque no es exclusiva para niños con deficiencia auditiva.. En cierto modo, podría asemejarse a la lengua de signos.



La música no solo se puede escuchar a través de los oídos. Tenemos más partes de nuestro cuerpo que solo agudizamos cuando carecemos de otras. Se puede aprender a “escuchar” música a un nivel más sensitivo, pues las vibraciones que forman a la música son lo que realmente percibimos. Las personas sordas pueden percibir las vibraciones que produce el sonido

Las personas con hipoacusia pueden aprender a experimentar con distintas partes de su cuerpo el sonido. Aquellas personas que no pueden oír igual que el resto, pueden sentir las vibraciones y las sensaciones que esta produce a través del sistema óseo y la piel, y a su vez seguir el ritmo y los movimientos. 

En niños con hipoacusia,  la música favorece en la integración escolar y social , hace que el alumno interaccione más con su alrededor y que su psicomotricidad se desarrolle. También les ayuda a desarrollar de forma sensorial y perceptiva, hace que su nivel de intelecto aumente y les ayuda a que su lenguaje sea más rítmico.

La música es un medio de comunicación. Al niño con sordera puede enseñarle a conocer mejor el mundo que le rodea, a expresarse, a desinhibirse, a mejorar el habla, a reforzar su autoestima y a sentir que también puede formar parte de un grupo de niños oyentes con los que disfrutar juntos de la música. También contribuye al desarrollo equilibrado de la personalidad y al autocontrol emocional al mismo tiempo que interactúa y comparte experiencias con sus semejantes. Del mismo modo que en el niño oyente, la música, a través del movimiento, también permite en el niño con problemas auditivos mejorar su concepción de esquema corporal y mejorar su coordinación y orientación en el espacio. 

Habiendo dicho todo esto, queda claro que una discapacidad auditiva en el niño puede tener una especial relevancia en su desarrollo. Por ello, debemos concienciarnos de que, a través de cualquiera de los elementos musicales del currículo, podemos fomentar y desarrollar ejercicios para la mejora de este tipo de dificultades y  la música puede y debe ser un medio que lleve al desarrollo e inclusión del niño con discapacidad auditiva , y no verlo como una limitación, sino como un desafío y una oportunidad.

Bibliografía:

Casanova Rodríguez, María Antonia y  Rodríguez, Humberto, 2009. La inclusión educativa, un horizonte de posibilidades. Madrid: La Muralla, S.A.

Disposición adicional segunda del Decreto 158/2007, por el que se establece el currículo de las enseñanzas profesionales de música.

Fernandez-Carrión Quero, Marta, 2012. Alumnos con discapacidad auditiva y problemas en el lenguaje: educación musical y accesibilidad. En: Red Educativa Musical. Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y de Formación del Profesorado. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

Pabón, Sabina, 2009. La discapacidad auditiva. ¿Cómo es el niño sordo? Innovación y experiencias educativas. En: Innovación y Experiencias Educativas, Revista Digital nº 16.

Pascual, Pilar, 2012. Capítulo El método Kodály (VI). En: Didáctica de la música. Editorial Pearson.  

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